Cuando un niño se cae es necesario considerar varios aspectos, tales como lesiones cortantes en la piel, que sin lugar a dudas ameritan un buen lavado de la región con agua y jabón y con frecuencia algún tipo de sutura. En estos casos uno de los signos mas aparatosos es el sangrado, por lo que conviene recordar que lo mejor para detener el sangrado es la presión local con un pañuelo o una toalla limpia. Nunca le pongamos a la herida ninguna sustancia rara ni ningún medicamento, ya que pueden favorecer las infecciones o provocar mayor daño en la piel.

Debemos observar si después de la caída existe alguna limitación en los movimientos o en la función, lo cual podría ser signo de fractura o luxación. El aumento de volumen y la impotencia para realizar movimientos son signos que deben valorarse muy bien y que ameritan una consulta.

Existen otros síntomas o signos que justifican una observación detenida y probablemente la realización de algunos exámenes especiales, tales como el sangrado en orina o en heces, el abdomen muy doloroso, y la palidez acentuada y persistente.

El otro aspecto muy importante, sobre todo cuando el golpe es en la cabeza, es el estado de conciencia del niño. Un niño puede quedar "atontado" después de un golpe por algunos minutos, pero debe recuperarse con rapidez. Si por el contrario se presenta pérdida de conciencia, confusión mental, dolor de cabeza y vómitos, debilidad en alguna extremidad, o cualquier otra manifestación neurológica, el niño debe ser valorado de inmediato por un médico.

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